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El arte marcial más antiguo del mundo

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A los maestros del ‘kalari payat’ se les conoce como los guerreros voladores indios. Tras un doloroso proceso de aprendizaje que a veces comienza a los 6 años, los combatientes conocen cerca de 100 puntos del cuerpo en los que un solo golpe puede inmovilizar o matar. Prohibido por los colonos ingleses en el siglo XIX, sobrevivió en secreto. Hoy hay en la India 600 ‘campos de batalla’ en los que se practica

Cuerpo fibroso y elástico. Trabajar la flexibilidad del cuerpo es uno de los secretos que permite a los practicantes de esta técnica de lucha efectuar sus acrobáticas llaves. Se consigue a través de severos ejercicios y masajes con los pies, a menudo violentos.
Cuerpo fibroso y elástico. Trabajar la flexibilidad del cuerpo es uno de los secretos que permite a los practicantes de esta técnica de lucha efectuar sus acrobáticas llaves. Se consigue a través de severos ejercicios y masajes con los pies, a menudo violentos.


Un aprendizaje exigente. Un maestro 'asans' permanece suspendido boca abajo sujeto sólo por los empeines en uno de los recintos en los que se escenifica esta lucha. El aprendizaje suele resultar desalentador por doloroso, particularmente en las primeras etapas.
Un aprendizaje exigente. Un maestro ‘asans’ permanece suspendido boca abajo sujeto sólo por los empeines en uno de los recintos en los que se escenifica esta lucha. El aprendizaje suele resultar desalentador por doloroso, particularmente en las primeras etapas.


El ruido de las armas. También se usan puñales, sables... Los duelos con bastones de madera son una de las más vistosas artes del 'kalari payat'. Los contendientes manejan el arma a una velocidad asombrosa a pesar del tamaño de los garrotes.
El ruido de las armas. También se usan puñales, sables… Los duelos con bastones de madera son una de las más vistosas artes del ‘kalari payat’. Los contendientes manejan el arma a una velocidad asombrosa a pesar del tamaño de los garrotes.

por DOMINGO MORENO DE CARLOS. Fotografías de TOMASZ GUDZOWATY

El cuerpo es una herramienta, no un enemigo. La mente no es una meta, es un puente. Los maestros var manis conocen los alrededor de 100 puntos vitales donde se unen vasos sanguíneos, ligamentos y terminaciones nerviosas en los que un golpe puede producir dolor, parálisis temporal, pérdida de conocimiento e incluso la muerte. Pero el arte marcial que practican, el kalari payat, la técnica de lucha más antigua del mundo, de la que provienen otras disciplinas como el kung fu y el kárate, no es una simple manera de convertir pies y manos en armas poderosas.

Nacido en la India hace casi 1.000 años, el kalari payat aspira a un dominio de la mente sobre el cuerpo. En su práctica ancestral planteaba la necesidad de encontrar el espíritu para afrontar la muerte y en su forma más depurada era la etapa final del aprendizaje y adiestramiento de los guerreros de Kerala, en el suroeste del país. Hoy ha perdido parte de esa mística y se entiende, sobre todo, como un método de autocontrol para mantener el cuerpo flexible, tonificar los músculos y encontrar el interior sutil y profundo de uno mismo. Pero ver en acción a los maestros de este arte marcial, conocidos como los guerreros voladores, sigue siendo un sobrecogedor espectáculo.

Descalzos, desnudo el torso, los fibrosos combatientes son capaces de suspenderse de una barra con la fuerza de sus empeines o de protagonizar una vibrante lucha cuerpo a cuerpo, como un duelo de karatecas de alta velocidad. Un ataque con el puño se desvía con una patada; hay proyecciones, inmovilizaciones y paradas. Existen 400 llaves y unas 1.000 formas de dar y detener un golpe. Y hay saltos y patadas altos, muy altos, imposibles. Muchas de las posiciones de ataque y defensa fueron aprendidas de los animales: el elefante, el caballo, el jabalí… También se emplean armas: puñales, sables, bastones… Pero la más emblemática es el urimi, una especie de espada-látigo de acero flexible hecha de tres cintas de tres centímetros de ancho y dos metros de largo. Dicen que puede partir en dos a una persona.

¿De dónde nace el kalari payat? El origen no está muy claro. En hipótesis de los historiadores de las artes marciales Tatsuo Suzuki, Hirokazu Kanazawa y Masutasu Oyama, Alejandro Magno llevó hasta la India la forma tradicional de lucha griega, el pankration en el siglo IV a. C.

Allí la casta guerrera Chatria ya practicaba una forma de arte marcial sin armas que con el tiempo evolucionó hacia el karapaito, transformado años después en lo que se conoce como kalari payat. Éste se desarrolló a partir del siglo XII, si no antes. Escritos del siglo XV manifiestan la importancia sociopolítica que llegó a tener en la región de Kerala. Desde allí influyó a todas las artes marciales de Oriente.

Se cuenta que antes de morir, en el siglo VI, el príncipe hindú Bodhidharma, patriarca de una secta budista y miembro de una temible casta india que practicaba el karapaito, cruzó el Himalaya en un increíble viaje sin armas, pues su religión le prohibía usarlas. Invitado por el emperador Wu, ardiente budista, Bodhidharma llegó a China y se estableció en el templo de Shaolin. Allí adiestró a los monjes en la autodefensa y les enseñó a vencer el cansancio a través de la disciplina física, mental y espiritual.

Llegó a hacer de ellos peleadores letales para repeler a los malhechores que atacaban a los campesinos de las inmediaciones. “Convertir cada dedo en una flecha, cada mano en una espada y cada pierna en un garrote” era la divisa. De allí surgió el budismo zen y las artes marciales se proyectaron a otros lugares, como Japón.

La llegada a la India, siglos después, de comerciantes, misioneros y soldados portugueses, holandeses, franceses e ingleses y la introducción de las armas de fuego causaron que el kalari payat perdiera prestigio. La prohibición de los ingleses casi lo hizo desaparecer. Sobrevevivió gracias a la enseñanza en secreto de unos pocos asans o maestros a sus discípulos. Gracias a dos de ellos, Kottakkal Karnaran Gurukkal y su pupilo C.V. Narayanan Nayar, no se extinguió esta forma de autodefensa. Pero los actuales asans ya no viven del kalari payat, sino de sus conocimientos de medicina tradicional y de los masajes. El kalari payat tiene conexiones con el yoga y con la medicina practicada en la India desde hace 2.000 años. Y los masajes son una de sus claves. La flexibilidad es lo que les permite dar esos saltos de guerreros voladores y sólo se consigue a través de exigentes ejercicios y masajes a menudo violentos. Se realizan con el pie, aplicando todo el peso del cuerpo del masajista. El aprendizaje del kalari payat, en algunas ocasiones iniciado por chavales que acaban de cumplir los 6 años, suele resultar desalentador por doloroso, sobre todo en las primeras etapas.

Hoy los jóvenes indios prefieren el kung fu o el kárate influidos por las películas de Hollywood y Hong Kong, donde los héroes son Bruce Lee, Jackie Chan o Jean Claude van Damme. Aún existen, no obstante, más de 600 kalaris en la India –kalari significa literalmente “campo de batalla” y payat, “práctica”– donde se realiza este arte marcial. Actualmente el kalari payat forma parte de la educación de los jóvenes nayars, casta guerrera, pero es accesible a todas las castas y religiones. Hay también algunos practicantes occidentales. En España no se conocen. De haberlos son exigua minoría.

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