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Recetas y cultura india, pakistaní y árabe

LA FILOSOFIA DEL PLACER

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Fragmento extraido de: HEINRICH ZIMMER, FILOSOFIAS DE LA INDIA, LAS FILOSOFIAS DEL TIEMPO

K.ma-deva, el dios hindú del amor, no es la pequeña criatura de Venus, el infante regordete, sino un diestro y brillante joven. Su encantadora compañera es Rat¯, “el placer sensual y la lujuria”. Y, como el divino Eros, celebrado por Fedro en el diálogo de Platón, K.ma fue el primogénito entre los dioses.
Primero vino el Caos, y luego la Tierra de ancho seno, sede perdurable de todo lo que existe,
y el Amor Vasanta, la Primavera, es el divino comandante en jefe del ejército que está a las órdenes del peligroso mozalbete. Con una fragante brisa del sur, Vasanta hace florecer el paisaje y suaviza a todas las criaturas facilitando el dulce, penetrante e irresistible ataque del dios del amor.
K.ma lleva un arco entrelazado de flores, y cinco flechas cuyas puntas son perfumados pimpollos.

Hay que tener en cuenta que antes se tomaban en serio el arco y la flecha. Siempre fueron el arma clásica de la guerra india, desde los remotos siglos del período védico hasta la edad de la caballería épica y aun durante el período subsiguiente de los reyes tiranos rivales, hasta que las invasiones musulmanas introdujeron la pólvora, el cañón, los mosquetes y las balas que habían sido inventados por chinos y occidentales. K.ma se llama Pu±pa-b.ða, “aquel cuyas flechas son flores”, y Pañca-s.’yaka, “dotado de cinco flechas”.
Lleva también un lazo o nudo corredizo (p.¡a) con el cual atrapa e inmoviliza a sus víctimas desde lejos, y un gancho para acercarlas. Estos cuatro instrumentos del dios invencible —la flecha, el arco, el lazo y el gancho— en los ritos y diagramas mágicos de las escuelas tántricas medievales117 se asocian a las cuatro fórmulas de encantamiento que producen el amor y la entrega, y que son, respectivamente, las órdenes:

“¡Abre!” (jambha), simbolizada por las flechas; “¡Confunde, enloquece!” (moha), el arco; “¡Paraliza, detén, inmoviliza!” (stambha), el lazo; y “¡Humilla, cautiva, somete!” (va¡a), el gancho.
Se cuenta que una vez K.ma pretendió tomar por blanco a åiva —el maestro yogin, arquetipo del asceta solitario en el panteón hindú— por orden de Indra, rey de los dioses, a fin de interrumpir la meditación de åiva y de colmarlo de amor por la diosa P.’rvat¯, la divina hija de Him.’laya, el
rey de la montaña. P.’rvat¯ era una encarnación de la suprema diosa del mundo, K.l¯-Durg.-Sat¯, la eterna contraparte femenina de åiva y su energía proyectada, a quien el dios, para bien del universo, debía llegar a tener en cuenta y conocer. Pero cuando la primera vara florida llegó al blanco y åiva fue sacado de la intemporal contemplación de su más íntima y sublime luminosidad, un relámpago de cólera brotó de su tercer ojo —el ojo medio, en el entrecejo— y el cuerpo de K.ma, encarnación del Encanto irresistible, quedó reducido a cenizas. Rat¯, la desolada esposa, consiguió que åiva rescatara a su consorte del mundo de la inexistencia; pero, aunque su espíritu volvió, su hermoso cuerpo no pudo ser reconstruido. Por ello K.ma es Ana´ga, “sin cuerpo”. Se mueve, sutil, por encima y entre los amantes intangible e invisiblemente, obligándolos a abrazarse.
El K.ma-loka, “el mundo (loka) de los deseos y sus realizaciones (k.ma)” es el hermoso paraíso de goces del dios del amor, donde hombres y animales viven hechizados por los objetos de los sentidos. Así atraídos, los seres que han olvidado su Yo quedan fijados a la rueda universal de la
ronda del tiempo, condenados a renacer en la tierra, en los cielos, o en los purgatorios del dolor, según el carácter de sus pensamientos y deseos.

Porque el fruto del deseo es el destino, y así el individuo, por obra de la acción, encadenado a la ronda causal por los delicados pero fuertes y resistentes hilos de su propio deseo, va de existencia en existencia —terrena, celeste e infernal—, como hombre, como bestia o como dios,
incapaz de desligarse y alcanzar la paz del más allá.
En sus niveles inferiores, el K.ma-loka comprende los infiernos o purgatorios del dolor, así como la fantasmal región de los espectros (preta), la región de monstruos gigantes que devoran bestias y hombres (r.’k±asa), la región de los antidioses o titanes (ásura), y la de los duendes
(kumbh.ð°a), el reino de los dioses acuáticos serpentinos (n.ga) y el dominio de las divinidades domésticas (yak±a: dioses de la fertilidad, sobrevivientes de la arcaica civilización prearia, que ahora sirven de acompañantes a las divinidades Kubera y åiva). El reino intermedio de
hombres y bestias está sólo en el plano terrestre; en cambio, más arriba, donde todavía gobierna K.ma (suprema personificación del atractivo del mundo transitorio), está el reino de los dioses atmosféricos, alados como pájaros (gáru°a) y el paraíso de los músicos celestes (gandharva). Estos últimos son hombres que han renacido para saborear los placeres sensuales de los cielos inferiores, donde gozan de la compañía y el amor de doncellas celestiales (ápsaras). Estas esferas de los dioses, progresivamente rarificadas, se representan, una encima de la otra, en las terrazas del monte Sumeru, la gran montaña central del mundo, la cual, como a una gigantesca ziggurat babilónica —una torre de Babel natural y cósmica— eleva su cumbre a las más altas esferas de la bienaventuranza celeste, el reino del ser sin forma y de la felicidad puramente espiritual.

Pero el poder de K.ma llega también hasta allí.

Porque el universo es el efecto de la voluntad divina (icch.) o el deseo (k.ma): el deseo de lo Uno de ser muchos. Todas las. esferas de lo existente son engendradas y sostenidas por ese primer impulso creador. En el plano carnal actúa a través del misterio del sexo; en el más alto, es la voluntad del Creador. K.ma es, pues, “el primero de los dioses” —pero también el más joven, pues. nace cada día del encuentro y acoplamiento de las criaturas a través de todo el curso del tiempo. K.ma es el poder y el proceso por el cual lo Uno se engendra a sí mismo como hombre, bestia o planta, y así lleva adelante la creación continua del universo. K.ma es la conjunción de la eternidad y el tiempo, por la cual
aquella abundancia se convierte en esta abundancia y lo no manifiesto se manifiesta en todos los seres del cosmos, desde Brahm. hasta la brizna de hierba.

A diferencia de la iconografía hindú, en la iconografía budista encontramos tres mundos creados (loka) o zonas de travesía, a los cuales los seres pueden descender para renacer (los avacara). El primero e inferior es K.ma-loka, “el mundo de los deseos”; el siguiente es Rãpa-loka, “el mundo de las formas puras (más allá del deseo)”; en tanto que el más alto es A-rãpa-loka, “el mundo sin formas, el reino informe”. Estas concepciones representan las experiencias comunes del Yoga y se basan en ellas. A medida que se ahonda el proceso de absorción hacia la intimidad y se aleja la esfera de las experiencias de extroversión, se alcanzan esferas de experiencia cada vez más altas y profundas. Y luego se advierte que estas mismas se subdividen en muchos estratos, cada uno de ellos habitado por una clase de sutiles seres celestiales.
De acuerdo con las primitivas leyendas budistas, cuando Gáutama å.kyamuni se sentó bajo el árbol Bo, a punto de trascender toda clase de formas y mundos para pasar a la intemporal infinitud del Vacío, K.ma se le apareció en forma de un joven con un laúd y trató de tentarlo para que no cumpliera su tarea de trascender el universo. Uno de los nombres que se aplican a K.ma en estos textos budistas es el de un viejo demonio védico, Namuci, palabra que comúnmente se interpreta como “el que no (na) deja ir (muc)”. Proporcionando a cada criatura algunos de los goces de la vida, K.ma en forma de Namuci mantiene a todos hechizados, de suerte que los
seres producidos una y otra vez caen presa de la muerte. De aquí que también se lo llame “el maligno” (p.p®y.n), o simplemente “la Muerte” (m.ra)119. Káma y Mára, el goce de la vida y el zarpazo de la muerte son, 119 M.ra, literalmente, “el que mata o hace ‘morir’ (mar-)”; cf, el latín, mors, mortis, y mor-tal, mortalidad. respectivamente, la carnada y el anzuelo: los placeres de la mesa colmada y el precio que hay que pagar por ella, que en este caso es la mortalidad, el sufrimiento y las lágrimas. La douloureuse, la penosa hora del pago, pone fin a la ronda. Así el supremo seductor, el más viejo de los dioses y sostén del mundo, para todos los seres tiene un doble aspecto, como lo tienen todos los dioses y todas las fuerzas de la vida. Son a la vez atractivos y destructores, misericordiosos y despiadados, deseables y aterradores. En el lenguaje pictórico de las iconografías budista e hindú, todos los seres y presencias sobrehumanos son de este modo ambivalentes y ambiguos. A la vida en el mundo se la pinta como una angustiosa paradoja: mientras más viva, menos soportable: un mar de sufrimientos, placeres ilusorios, promesas engañosas y terribles realizaciones: en realidad, la vida es el mar de la locura de los peces, locura de una fecundidad que se nutre de sí misma y a sí misma se devora.
Cuenta la leyenda que el Buddha quebró el poder del dios de la muerte y del deseo (cuyo estandarte ostenta el emblema del pez) y pasé al más allá. Desapareció para él la ilusión de la dualidad y su conciencia liberada se unió a la realidad del Vacío.

Todos los hombres están destinados a ese fin trascendental. Como veremos, la mayor parte de la filosofía hindú solo se preocupa por la manera de obtener esa liberación (mok±a) con respecto al
poder que envuelve y ata al mundo, ejercido por el ser divino “que no deja ir”, el mago cósmico, Namuci120. Y a través de la literatura tradicional sobre este tema, el primer paso para alcanzar esa meta suprema es rechazar el anzuelo de K.ma, su mesa tentadora, la abundancia del mundo. Sin embargo, esto no impide que la gran mayoría —en la India como en todas las otras partes de este inmenso “campo de pastoreo”— se dedique exclusivamente a perseguir el agridulce engaño.
Los manuales hindúes sobre el arte del amor, compuestos para quienes aún se dedican a la obra de continuar la creación, no hacen caso de las desalentadoras observaciones y desoladoras prescripciones ascéticas de quienes se han liberado, excepto en la medida en que las sabias reflexiones acerca de la fugacidad del placer añaden al amor y a la vida cierto estremecimiento exquisito. El caso es similar al de los manuales hindúes de ciencia política, en los que no se toma en cuenta ningún principio de virtud salvo en la medida en que una máscara de moralidad puede servir a los propósitos del especialista en poder. Fundamentalmente, la doctrina y la
técnica del k.ma se remontan hasta la antigüedad primitiva. Pertenecen a la ciencia y arte de la magia del amor (el saber de encantamientos, embrujos y filtros amorosos) que constituye una preocupación dominante en todas las tradiciones primitivas. En ese sentido son decididamente prebudistas y 120 Na-muci y mok±a, ambos derivan de la raíz muc-, “dejar ir, soltar”, el primero con el prefijo negativo na-prevedantinas121, y son ajenas, más bien que antagónicas, con respecto al ideal monástico y a las técnicas de renunciamiento. K.ma, el sustantivo sánscrito, denota toda la gama de la experiencia posible en la esfera del amor, el sexo, el placer sensual, el goce. K.ma es “deseo, apetito, satisfacción carnal, lujuria, amor y afecto”.

Los primeros documentos indios sobre el tema aparecen en los estratos más antiguos de la brujería y la religión popular. Hay muchos y notables encantamientos de amor, por ejemplo, en el Atharva-veda. La vida amorosa en este caso significa en primer término la vida familiar, la vida de casado, y la finalidad primera y principal de la Doctrina es conseguir que esta vida
erótica tenga éxito, es decir, que produzca una familia feliz y armoniosa: un marido feliz, una esposa y madre feliz, y muchos niños sanos y bien dotados, de preferencia varones. Porque los hijos varones son indispensables para la continuidad del linaje y para asegurar sin interrupción el culto familiar de las ofrendas a los antepasados que alimentan a las almas de los “Padres” difuntos en el “mundo de los Padres” (Pit¢-loka). Por otra parte, las hijas son cargas delicadas y costosas. Hay que concertarles y costearles un casamiento adecuado, teniendo en cuenta los requisitos de la casta y de la posición social; y nunca se sabe cómo
saldrá el yerno que tanto trabajo ha costado conseguir. La casa prospera inevitablemente con los hijos varones, mientras que las hijas suelen dar gastos y ansiedades. Las indicaciones que hemos recibido de la más antigua tradición del k.ma, incluyen recetas y ritos para engendrar niños varones, mantenerse joven y fuerte, ponerse y conservarse atractivo y tener éxito en
la vida erótica. Una breve reseña de la lista de encantamientos del Atharva-veda dedicado
a la obra del k.ma bastará para indicar la finalidad y el carácter de los problemas, tal como fueron entendidos y enfocados en aquella época. Este antiguo material védico nunca ha sido estudiado y tratado en comparación con las fórmulas muy posteriores que nos han sido conservadas en obras como el K.masâtra de V.tsy.’yana, y sin embargo revela el carácter
originariamente sagrado y la autoridad de la doctrina que aparece en obras posteriores en forma más bien mundana y secularizada, como una especie de ars amandi para cortesanas y mujeriegos.

Aproximadamente una decimotercera parte de todo el antiguo. Atharva-veda está dedicada a la magia de este tema humano tan importante y fundamental. Son 41 artículos
de los 536 himnos, plegarias y encantamientos, es decir, una porción no abrumadora pero sí grande y significativa dentro de la compilación total.

La lista siguiente dará una idea del alcance de los himnos y encantamientos más antiguos.

  • Para que el parto tenga éxito (11).
  • Maldición a una mujer para que se quede soltera (14).
  • Encantamiento de amor con una hierba dulce (34).
  • Para conseguir el amor de una mujer (72).
  • Para conseguirle marido a una mujer (81).
  • Contra una esposa rival, con una planta (117).
  • Para la fecundidad (127).
  • Para atraer el amor de una mujer (130).
  • Para recobrar la virilidad, con una planta (149).
  • Para hacer que los de la casa duerman (y poder entrar el amante a ver a su amada de noche) (151).
  • Para que la concepción tenga éxito (265).
  • Dos encantamientos para ganarse el amor de una mujer (287).
  • Para que nazcan varones (288).
  • Contra el nacimiento prematuro (293).
  • Contra los celos (293).
  • Para conseguir esposa(325).
  • Para la felicidad matrimonial (339).
  • Para que el embarazo tenga éxito, con un amuleto (341).
  • Para obtener esposa (342).
  • Para ganarse el afecto(347).
  • Para la potencia viril (354).
  • Para conquistar una mujer (355).
  • Dos encantamientos para conquistar el amor de un hombre(380).
  • Para la procreación (401).
  • Contra una mujer rival (411).
  • Diálogo entre el marido y su mujer (411).
  • Lo que la mujer dice a su marido (412).
  • Para conquistar y retener el amor de un hombre, con una planta(412).
  • Para curar los celos (416).
  • Para destruir la potencia viril de alguien (454).
  • Contra una mujer rival, con una planta (467).
  • Para defender de los demonios a una mujer embarazada (493).
  • A K.ma (521).

Los títulos son los dados por los traductores, William Dwight Whitney y Charles RockweIl
Lanman, en su Atharva-Veda, Harvard Oriental Series, vols. VII y VIII, Cambridge, Mass., 1905. Los números entre paréntesis remiten a las páginas de los volúmenes de Whitney y Lanman; las págs. 1-470, están en el tomo VII, y las 471-1052 en el VIII.

Aparentemente, las dificultades e inconvenientes de la vida conyugal en los tiempos védicos eran muy parecidas a las de nuestros días y los remedios ofrecidos por el material de k.ma del Atharva-veda son los remedios clásicos de todas las épocas: tratamiento médico en forma de hierbas, plantas y filtros; sugestiones y persuasiones acrecentadas por objetos mágicos (amuletos); eugenesia; higiene mental y emocional (adaptación y ajuste psicológicos); todo ello envuelto en términos de magia y administrado por el sacerdote que era a la vez mago y curandero, tipo arcaico de los modernos brujos del alma: el psicoanalista y el médico de la
familia. Por otra parte, algunos encantamientos son solo medicina casera, utilizada por el marido o la mujer sin el auxilio del sacerdote brujo:
encantamientos amorosos contra rivales, y otros.
El k.ma pertenece a la esencia de la magia y la magia a la esencia del amor, porque entre los propios encantamientos y hechizos de la naturaleza, los del amor y del sexo tienen preeminencia. Esa magia obliga a la vida a progresar de generación en generación; es el hechizo que ata a todas las criaturas al ciclo de las existencias, a través de las muertes y de los nacimientos. Sería imposible imaginar un compendio de saber mágico sin su debido caudal de encantamientos de amor. La palabra latina carmen (“canto sacerdotal mágico que conjura las potencias, alejando los
demonios”), la palabra inglesa charm (que originariamente significaba “estrofa mágica, el sonsonete del conjuro, que produce el hechizo”) y otros términos afines como “encantamiento” y “encantador”, señalan el sentido original del canto mágico o hechizo, lo mismo que las palabras francesas enchanté, désenchanté, charme. Una cantante, una soprano, una cantatrice,
es una encantadora, lo mismo que el tenor que “fascina” o “hechiza” al público. El amor, el canto, y el divino brebaje embriagador que hace palpitar al dios mismo en las venas, durante milenios han sido mentalmente asociados, no solo jovialmente, en los sueños juveniles, sino también con
desesperación, en los oscuros ritos del arte del hechicero.
El primitivo saber mágico del amor parece haber sido conocido y conservado en doctrinas esotéricas por los clanes guerreros fuera de las familias de sacerdotes. El tema era tratado con toda la unción que corresponde al sagrado misterio de la vida, a diferencia de los manuales
posteriores, altamente técnicos, en el que se presenta el arte del placer de una manera relativamente seca. El famoso brahmán åvetaketu parece que fue uno de los primeros redactores de manuales de esta clase. En el sexto libro de la Ch.ndogya Upáni±ad se dice que recibió de su padre, Udd.’laka é’ruñi, la clave de todo el saber, en forma de la “gran fórmula” védica
(mah.-v.kya); “Tú eres eso” (tat tvam asi). Por todas partes se lo celebra como modelo del brahmán de tipo clásico, aunque algo unilateral, que nos presentan muchas fuentes ortodoxas. Dominaba perfectamente el saber sagrado; pero no tanto, al parecer, la esfera de la filosofía secular. Sin duda, fueron hombres como él quienes apartaron la arcaica sabiduría del k.ma de
su finalidad y hondura primitivas. La riqueza que tenía este tema en las épocas védicas posteriores, cuando constituía una de las ramas de la sabiduría doméstica, se secó a consecuencia de las reiteradas abreviaturas y resúmenes. Muy poca metafísica o filosofía podemos extraer de esta literatura posterior sobre el arte de amar.
El texto más importante es el justamente célebre K.masâtra123 del brahmán V.tsy.’yana, compuesto en el siglo II o IV de nuestra era. Es una versión magistral, aunque muy condensada y demasiado abreviada, de los materiales de la tradición antigua. Algunos tratados menores y más tardíos, compuestos en verso, que en parte rnuestran rasgos más arcaicos que el
clásico K.masâtra, comunican con mayor grandeza el sentido de lo que tiene que haber sido la doctrina en toda su amplitud. Entre ellos podemos mencionar el Pañcas.’yaka, “El dios de las cinco flechas”, compuesto algo después del siglo XI de la era cristiana; el Ratirahasya, “La doctrina secreta del placer del amor”, que es algo anterior al siglo XIII; y el Ana´gara´ga,
“El escenario del dios sin cuerpo”, que probablemente data del siglo XVI de la era actual. Algunos fragmentos ocasionales que se conservan en las Upáni±ad sirven también para indicarnos la riqueza, profundidad y santidad del terror reverencial con que se consideraba el acto sagrado a través del cual el Dios de los dioses continuaba su creación, prosiguiéndola a través de las generaciones de las grandes familias brahmánicas y reales.
Actualmente el conocimiento de esa filosofía erótica práctica está muy lejos de haberse perdido

Un pensamiento en “LA FILOSOFIA DEL PLACER

  1. Wow , amazing , nice works of art ! But I am India and am sorry to say that now-a-days Indians donot talk about sex in public and even we have moral police who charge if they are kissing ! I wish we become like the ancients …

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